31/08/2025

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Hacia una Iglesia sinodal en misión

Hacia una Iglesia sinodal en misión

Urge proyectar la Iglesia hacia el futuro, sin nostalgia de las viejas seguridades de un pasado que no retornará.

Por Agenor Brighenti* – Artículo publicado el 17 de diciembre de 2023.

Desde la primera hora -la etapa de la Iglesia local- el Sínodo en curso quiso ser una experiencia de sinodalidad, a partir de las comunidades eclesiales, en el seno de las parroquias. Como orientaba el Documento Preparatorio (1), no se trataba de responder a un cuestionario, sino de establecer relaciones de igualdad, reciprocidad y corresponsabilidad, en un proceso que ha de ser permanente, dado que la Iglesia, por naturaleza, es sinodal. Se trataba de ejercer la sinodalidad en la escucha, el discernimiento y la toma de decisiones, guiados por la aceptación incondicional de las diferencias y de los diferentes. El Informe de Síntesis (2) que recoge los resultados de las conversaciones de la primera sesión de la Asamblea, no es un «documento» ni mucho menos el «resultado final» del proceso. Pretende ser un registro de un momento privilegiado del proceso, que ahora regresa a las Iglesias locales desde donde comenzó un proceso sinodal que ya ha durado tres años, y a donde regresará al final de la segunda sesión de la Asamblea, que se celebrará en octubre de 2024.

Con el deseo de contribuir a la recepción del Informe de Síntesis y pensando en este período de preparación de la próxima Asamblea, en lugar de presentar una síntesis del contenido del texto, creemos más útil una lectura transversal del mismo, identificando las convergencias más importantes, así como las cuestiones más sensibles y de difícil consenso, que se manifestaron en las conversaciones de la Asamblea y se revelaron más explícitamente en la votación del texto.

El criterio para esta selección de convergencias y divergencias es su relación con la renovación del Vaticano II, en la medida en que uno de los principales objetivos de este Sínodo es la reanudación de la renovación conciliar: concretamente reimpulsar la puesta en práctica de la eclesiología de la Lumen Gentium, que concibe a la Iglesia como Pueblo de Dios y que sigue siendo una tarea pendiente, a pesar de haber transcurrido más de medio siglo desde la reforma del Concilio.

LAS CONVERGENCIAS MÁS IMPORTANTES

Dada la necesidad de brevedad de este texto, nos limitaremos aquí a indicar las convergencias más importantes y a señalar brevemente el contenido de cada una de ellas. Entre paréntesis, indicamos la referencia correspondiente en el texto del Informe de Síntesis.

Una mayor inclusión de los laicos, especialmente de las mujeres La Asamblea hizo hincapié en la necesidad de una plena inclusión de los laicos en la Iglesia, especialmente de las mujeres, tanto en los procesos de discernimiento y toma de decisiones, como en el acceso a los ministerios. Urge pasar del binomio clero-laicos al binomio comunidad-ministerios, dado que el bautismo es la fuente de todos los ministerios en la Iglesia, en una radical igualdad en dignidad entre todos ellos (RS 8b). La distancia es aún mayor para las mujeres, que carecen del pleno reconocimiento de su presencia y carismas, especialmente el acceso a los ministerios, incluido el diaconado, que es una fuerte reivindicación (RS 9m).

Los pobres en el centro de la Iglesia

Con Benedicto XVI, en Aparecida, el Informe de Síntesis afirma que «la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica» (RS 4b), lo que implica una Iglesia pobre y de los pobres (Juan XXIII). Los pobres no deben ser tratados como objetos de caridad, sino como sujetos de un mundo que incluye a todos (RS 4g). Se afirma que el grito de los pobres debe estar unido al grito de la tierra, especialmente ante la crisis climática, que afecta especialmente a los más pobres: «El grito de la tierra y el grito de los pobres son el mismo grito» (RS 4e).

Promover las pequeñas comunidades eclesiales

Por naturaleza, las pequeñas comunidades eclesiales, que la sesión del CELAM en Medellín en 1968 caracterizó como la «célula inicial de la estructuración eclesial» (Med 15,10), viven un estilo sinodal de Iglesia, en relaciones de cercanía y fraternidad, en la corresponsabilidad entre todos, en el servicio al mundo, especialmente a los más pobres, en la ministerialidad, fruto de los dones recibidos por el Espíritu, hechos servicio (RS 16m). Recuperan el carácter doméstico de la Iglesia, la marca de la identidad de la vida cristiana en los primeros siglos.

Un cambio urgente en la formación de los seminarios y casas de formación

Una Iglesia sinodal implica un perfil de presbítero pastor e inserto en la vida del pueblo, sin clericalismos ni un estilo de vida alejado de la vida cotidiana del pueblo (RS 11c). De ahí la necesidad de evitar procesos formativos que alejen del pueblo a los que se forman, y también la necesidad de favorecer contenidos que los preparen para una pastoral inserta y solidaria con quienes esperan una Iglesia acogedora y defensora de la vida (RS 11e). Urge reformar el perfil de los seminarios y casas de formación (RS 14n).

Una Iglesia incondicionalmente abierta y acogedora de todos

La Iglesia no puede excluir a nadie, ni siquiera a los que viven situaciones especiales en relación con el matrimonio o las cuestiones de género, así como a los discriminados por todo tipo de situaciones, a menudo fruto de prejuicios o incluso de mecanismos estructurales de exclusión. Las comunidades eclesiales están invitadas a estar particularmente cerca de estas personas, escuchándolas y acompañándolas en su compromiso (RS 16g).

Transparencia y responsabilidad de los ministros ordenados

El clericalismo es fuente de todo tipo de abusos: de poder, económicos, de manipulación de las conciencias y sexuales, que se traducen en una protección institucional, propia de organizaciones cerradas y sin transparencia. Deben establecerse mecanismos para controlar el poder de los ministros ordenados, incluidos los obispos, con rendimiento de cuentas de sus procedimientos y acciones al Pueblo de Dios (RS 11k).

Combatir la xenofobia y superar el racismo

Por diversas razones, la crisis migratoria se agrava, desafiando a la sociedad y a la Iglesia a combatir la xenofobia, que discrimina y mata. Fronteras abiertas para los que buscan sobrevivir, e instituciones solidarias y comprometidas con la fraternidad universal (RS 5p). Asociado a la xenofobia está el racismo, velado o estructural, vestigio de colonialismos aún vigentes, presente institucionalmente también en la Iglesia (RS 5q).

Implantar una cultura de la formación del Pueblo De Dios en su conjunto

El mismo bautismo, fuente de todos los ministerios, coloca a todos en pie de igualdad en el seno del Pueblo de Dios, con igual derecho y deber de formación, para el mejor desempeño de todos en una Iglesia que es toda ministerial. Es necesario superar las especificidades que pueden separar a los cristianos en categorías, distanciándolos unos de otros y acabando por superponerlas (RS 14k). La formación conjunta contribuye a la toma de conciencia de que solo hay una clase de cristianos, los bautizados, todos corresponsables por todo y de todos, tanto en la Iglesia como en la sociedad.

Reforma de la Curia romana y del Primado

La Asamblea subrayó que debe proseguir la reforma de la Curia, para que sea de hecho un órgano de servicio y no un órgano intermediario entre el Papa y las Iglesias locales, de control (RS 13c). También es necesario pensar en el ejercicio del Primado de una manera más sinodal, especialmente en lo que se refiere al Colegio Episcopal (RS 13a). A su vez, la colegialidad episcopal necesita insertarse mejor en la sinodalidad eclesial.

La necesidad de revisar el Código de Derecho Canónico Para regular una Iglesia sinodal, el Código de Derecho Canónico necesita estar más en sintonía con la eclesiología del Vaticano II, situando mejor a la jerarquía en el seno del Pueblo de Dios. Para la Asamblea, como ya se había expresado desde la Etapa de las Iglesias Locales, es necesario que los organismos de comunión y participación, como los consejos de pastoral en los distintos niveles de la Iglesia, ahora facultativos, pasen a ser obligatorios (RS 1r). Una sana descentralización del poder en la Iglesia implica una reforma del Código de Derecho Canónico.

CONSIDERACIONES FINALES La primera sesión de la Asamblea General del Sínodo de la Sinodalidad efectuada en octubre en Roma, junto a una amplia convergencia en un diversificado abanico de cuestiones, registró también tensiones, que son cuestiones delicadas porque tocan realidades que la Iglesia necesita afrontar con seriedad y audacia, porque ponen en juego su futuro y su credibilidad.

Será necesario superar el miedo para transformar las divergencias actuales en convergencias, por el bien de toda la Iglesia. Urge proyectar la Iglesia hacia el futuro, sin nostalgia de las viejas seguridades de un pasado que no retornará. Quizás subyace a estas tensiones, la dificultad de interrelacionar Pueblo de Dios y jerarquía, colegialidad episcopal y sinodalidad eclesial, teólogos y magisterio, superando miedos inconscientes de perder espacios de poder o prestigio, en una Iglesia donde el más grande es el que sirve.(*) El autor de este artículo es sacerdote brasileño, miembro del grupo de expertos teólogos del Sínodo, miembro del Equipo de Reflexión Teológico-Pastoral del CELAM, coordinador de la Comisión de la CEAMA de elaboración del Rito Amazónico, profesor del CEBITEPAL del CELAM, en Bogotá.

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